Haz tuya una experiencia por la que no has tenido que pasar. ¿Qué ocurriría si fuese real?
Nada sería igual.

El fotógrafo capta un instante, hace de lo efímero algo eterno, de lo real algo parecido,
pero no basta con mirar, hay que observar. Hay un encuadre, un vacío que contextualiza
lo manifiesto. Has de escuchar los gritos ahogados de las madres que buscan a sus hijos y
de los hijos que lloran por sus madres, debes oler la sangre, el sudor y los restos de
cemento que hay en el aire. Debes sentir el contacto de las masas que corren
desorientadas, que buscan salvación en un campo de minas, el choque violento de un
brazo sobre el tuyo que te indica que aún estás viva, y sobre todo, has de notar el gusto
en la boca de quién sigue despierta por muy oscura que la noche sea..

*

Un día cualquiera, Manu Bravo

National Geographic

Un día cualquiera te percatarás de que el cielo y el infierno se viven en la tierra, de que
no existen las verdades absolutas y de que hay momentos a los que una vez se llega, no
se puede dar media vuelta.

Dejas atrás una cortina de plástico que cuelga del techo y te abatió al entrar. Estás en una
sala fría y solitaria, donde por muy alto que seas no puedes tocar la cima. Las paredes
están descorchadas y la angustia te invade cuando ves la primera imagen frente a ti,
enorme e imperturbable.

Escucha el aullido que resuena al unísono, la grandiosidad de que toda la plaza de Tahrir
alce la voz para decir todos lo mismo. Siente el calor que generan los cuerpos y la luz del
sol que acaricia tu pelo.

Sigue caminando por la sala para viajar de nuevo. ¿Lo notas? Ese temblor que domina
cada rincón de tu piel, imperceptible para quien no se para a entender. ¿Lo ves? Claro
que lo ves. Recuerdos de un paisaje que era sagrado, destruido por estruendos que le
dieron a tu mundo un final inesperado.

Eres padre, eres hijo, eres un ser humano. Un padre que pierde a su hijo o un hijo que
pierde a su padre. Una relación desamparada que por mucho que persista siempre dejará
marca.

Dime, ¿es esta la historia que te han enseñado? ¿Es en esta en la que nosotros hemos
ganado? Yo no veo victoria entre tanta miseria porque nunca habrá vencedor donde una
vida perezca. Esta es tu historia, da igual lo lejos que te encuentres, formas parte de ella.

Libros del autor

Kabul.

A babi le correspondió la tarea más dolorosa. Lo encontró de pie en su estudio con expresión compungida, observando sus estantes. Llevaba una camiseta de segunda mano con una imagen del puente rojo de San Francisco. Una densa niebla ascendía de las aguas espumosas y engullía las torres del puente (…).

*

Ella volvió a imaginar la playa. Solo que ahora se oía el canto por todas partes, e iba en aumento. Cada vez era más estridente, más agudo, y le llenaba la cabeza, ahogando todo lo demás. Las gaviotas no eran más que mimos con plumas, abriendo y cerrando el pico sin que de él saliera sonido alguno, y las olas rompían en la arena con espuma, pero en silencio. La arena seguía cantando. Chillaba. Sonaba como…¿un tintineo?

Un tintineo no. No. Un silbido.

Laila dejó caer los libros. Alzó los ojos hacia el cielo, haciendo pantalla con una mano. Entonces se produjo un espantoso estallido.

Y a su espalda hubo un destello blanco.

**

El suelo se movió bajo sus pies.

Algo cálido y potente la golpeó por detrás y la levantó por los aires. Y Laila voló, retorciéndose, dando vueltas en el aire, viendo el cielo, luego la tierra, luego el cielo, luego la tierra. Un gran pedazo de madera en llamas pasó velozmente por su lado. También pasaron mil pedazos de cristal, y a ella le pareció que los veía todos individualmente volando a su alrededor, girando lentamente, reflejando la luz del sol por un lado y por otro, con preciosos arco iris diminutos.

Luego se estrelló contra la pared y se desplomó. Sobre su rostro y sus brazos cayó una lluvia de polvo, piedras y cristales. Lo último que vio antes de perder el conocimiento fue un objeto que caía pesadamente al suelo cerca de ella, un trozo sanguinolento de alguna cosa. Encima asomaba el extremo de un puente rojo a través de una densa niebla.

Hosseini, Khaled. Mil soles espléndidos


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