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Un continuo atemporal. El tacto de las palabras

Un continuo atemporal

Empezó con una sombra y lo que en ella creímos ver. Uno al otro nos miramos, uno a uno nos observamos, pero fue esa mancha negra en la fría pared la que nos hizo entender que podíamos exteriorizar nuestro ser. Y fue ahí cuando el fuego y la llama iluminaron mucho más que una cueva, y fue ahí donde tuvo lugar el inicio de una nueva era. A Chauvet hemos llegado para viajar a un pasado de hace más de 32.000 años, ¿eres de verdad nos preguntamos? Y sí, lo eras, la calcita de tus restos lo ha demostrado. Cerramos los ojos y nos situamos donde en tu rostro aún no reconocemos al ser humano, pero encontramos tu mirada mientras mueves el dedo una y otra vez y se nos estremece el pecho al saber que fuiste tú quien nos enseñó a ver. Nos sentamos a tu lado y escuchamos la historia que nos cuentas al permanecer callado. Vemos leones que se abalanzan sobre sus presas, y el polvo que levantan los bisontes nos hace entrar en pánico. El relinchar de los caballos nos devuelve a las praderas y la llegada del rinoceronte nos hace movernos a un lado. Nos has narrado una historia sin pronunciar palabra, y es ahora cuando entendemos que sí existe la magia. Nos sentíamos solos, pero, ¿cómo hacerlo más si has conseguido que al margen de los siglos te hayamos podido tocar?

El tacto de las palabras

Viste la luz en Mesopotamia, entre el Tigris y el Éufrates, con cuñas y clavos te crearon, y tu historia desde ahí como diamantes ha brillado. Los sumerios para llevar las cuentas te emplearon porque tu origen fue humilde y tu futuro desde entonces, legendario. Tu madre fue el dibujo y tu padre, el ser humano. Dibujaste lo que eras, pero a lo largo de los siglos te desarrollaste en jeroglífico, nos indicaste cómo sonabas en lugar de cómo los demás te miraban y fue ahí cuando cobraste tanta importancia. Fuiste una criatura solitaria, ya que solo aquellos con poder tu cuna visitaban. Eres deidad para quien te cree un apéndice más de Tot, pero no hay que ser egipcio para encontrar la hilaridad en tu comprensión y calma en la contemplación. Unificaste a toda China, aún es hoy en día donde tu esencia a ambos lados de la muralla sigue viva. Son malentendidos entre vigías de cada esquina los que prueban que es tu sabiduría quién los guía. Te has mantenido impertérrita y por ti ha pasado una era entera, ¿quién no te va a adorar si eres lo más hermoso que ha visto la Tierra?

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Tu hijo nació antes que el del mismísimo Dios, no hubo Reyes Magos en el parto, pero los fenicios te ayudaron. Dispersaron por donde el camino los fue llevando, la alegría que traían al mundo el conjunto de tus neonatos. Porque fueron veintinueve en nuestra lengua, mil en China, seiscientos en Mesopotamia y varios centenares los que musitaban cerca de la cama en la que un día dormiría Cleopatra. El origen de la democratización del saber, heredado por aquellos que le dieron un significado sacro y que por todos los medios la palabra del Creador redactaron. El Corán, la Biblia y el Antiguo Testamento, todos ellos por tu cuerpo pasaron, amantes de una noche en la que te robaron lo que guardaba tu vientre sagrado. Fue la rabia y la sed de venganza las que a la costa griega te llevaron; ostracismo, lo llamaron, a la inscripción en un trozo de barro del nombre de un ciudadano no deseado. Condenado al exilio si resultaba ganador de este juego malvado. Eres todo un misterio, el renacer de ser a la vez todo aquello que nunca en uno se podría ver.

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En la Edad Media te relegaron a proyecto de escriba por orden del señor Carlomagno, y descubriste allí lo que era ser femenina de la mano de la caligrafía. Gracias al pergamino de iluminación te rodearon y para una difusión de mayor agrado, el libro crearon. Haces del mundano un artista y del lector un religioso pluralista. Huyes del convento en busca del taller del artesano porque vuelves a ser libre como lo fuiste antaño. Por 1454 te modernizaron, fue la imprenta de Gutenberg y sus sueños más preciados quienes te dieron ese lavado. Tardaron en percatarse de que en el cambio no hay sitio para el plagio, pero una vez lo hicieron tu éxito fue desenfrenado. En 1457 alguien firma en tu costado, pero no es el burgués de Maguncia sino aquel a quien dinero le había pedido prestado.

La escritura es la pintura de la voz.

Voltaire.

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Fue un proceso lento y pesado lo que causó que la creación del papel se viese como algo prioritario. En el periodo prehispánico allá por México el papel amate elaboraron para inscribirte en él sus códices más preciados. Al producto del Ficus padifolia te entregaste de lado a lado aún clandestinamente cuando los hispanos llegaron. Ahora, tu huella en él es legado y en museos vuestro amor es celebrado. Una serie de invenciones cambia el rumbo de tu historia y la veloz carrera emprendida por la rotativa se confirma a finales del siglo XIX con la aparición de la linotipia. Ya es posible escribir el ahora sin que el pasado se lo coma, pues llegó el periódico La Gazette en 1631 para decirle al pueblo bien alto lo que en otra época permaneció ocultado.

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Hay quien ha dedicado una vida entera a comprenderte, los descifradores, quienes ven en ti el entendimiento de todo su mundo, quienes prometieron amarte y respetarte, quienes juraron que de ellos solo la muerte podría separarte. Champollion, tu gran amor, no hay más nadie que por ti tanto dio, ni sentimiento más loable y ardiente que el que se erige de aquel que vio por primera vez lo que los demás no.
Tu génesis fue un milagro, he encontrado en tu existencia unos brazos en los que resguardarme en numerosos formatos, porque da igual dónde y cómo sea, siempre que te hablo escucho la voz a la que callo. Me has dado vida que no se respira pero que a mis pulmones alivia; eres tú quien me ha hecho valorar la voz porque escribir es pensar, pero entonar las palabras es comunicarle al mundo todo lo que dentro de mi he hecho desatar.

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Papel amate pintado

No nos damos tiempo porque estamos asustados, quizás más que nunca sea ahora cuando a la muerte le lloramos. Anhelamos el futuro, pero nos estancamos en el pasado, el presente ya no es de nadie y el que no actúe ahora jamás será recordado. Mira a la historia como miras al cielo estrellado y hazle saber que cometerás errores, pero que ya nunca más estos serán los de antaño. Te hemos hecho daño y espero que aún no sea demasiado tarde para enmendarlo.


2 commentarios

Eduardo · mayo 22, 2019 a las 16:26

Lindo, como el resto.

    Andreabrandarizr · mayo 22, 2019 a las 23:03

    Mil gracias Eduardo! Como siempre es un placer contar con tu opinión.

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