Una mano leída, sin pedir nada a cambio; quizás aquello que te diga se te haga extraño, pero sé que en tu interior removerá algo.

El mundo empieza

donde ya no se percibe mi esencia.

El enigma para el cual ni Arthur Conan Doyle tiene solución,

aquel con el que 21 años he convivido

y hasta el día en que perezca será santo de mi devoción.

 

Soy tirana y soberana,

exijo justicia y quebranto la ley,

no encuentro orden en mi libertad,

y si estoy perdida es porque no sé hacia donde echar a andar.

 

Abro y cierro puertas,

no me conformo con lo que dentro albergo,

grito y pido silencio,

no hay quietud que someta a mi ego.

 

Es, quizás, este abismo el gobierno al que pertenezco,

son, tal vez, mis pensamientos la masa que constituye el pueblo.

Serán, pues, mis rasgos las instituciones

que movilizan y promueven la ejecución de mis acciones.


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