El sentido de un final, Julian Barnes

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Soy los momentos posteriores a la emoción de una niña dándole cuerda a su caja de música. La bailarina que frenética se aferra en cada vuelta a todo aquello que pueda ver. El silencio que retumba cuando dejo de ser, cuando el polvo me cubre, cuando el olvido no recuerda haberme visto nacer.

Soy la mirada que devora cada palabra, la boca que persigue todas sus páginas, la inocencia que esperaba encontrar su respuesta, la madre que calma el llanto de quien descubre que detrás de una siempre habrá otra puerta.

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Análisis del libro y su adaptación cinematográfica. Alerta de spoiler.

Introducción

Escogí la obra de Julian Barnes, El sentido de un final, sin meditar en exceso cuan pragmática podría llegar a ser para la realización del trabajo. Sin embargo, me gusta pensar que en momentos puntuales de nuestro paso por la universidad elegimos proyectos movidos no por la posibilidad de una rápida ejecución sino por el deseo de hallar quietud en la necesidad de entendimiento que anhelamos como seres humanos.

Tony Webster, lejos de una vida llena de sensaciones reveladoras, ha llegado a una edad en la que el arrepentimiento tiene mucho material sobre el que actuar. Lo irá descubriendo poco a poco con la llegada de una carta que Sarah Ford, la madre de su antigua novia Veronica, le deja en su testamento. Tenía en su poder el diario de Adrian, quien había sido su mejor amigo hasta que decidió quitarse la vida acabada la universidad. Adrian y Veronica salieron juntos durante un tiempo, pero ¿qué papel interpretaba la Sra. Ford? Y, ¿por qué se lo deja a él y no a su hija? Anthony se tendrá que enfrentar cara a cara con su pasado para responder a estas preguntas. Será entonces, cuando después de años de apatía, la crudeza o dulzura de un pasaje evocado harán volver a sentir a quien por miedo olvidó que por mucho que te escondas de la vida, esta siempre te encuentra.

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Hay claridad en la bruma, eso es lo que nos muestra el autor. Tergiversamos nuestros recuerdos para poder vivir con el pasado. Somos presos del tiempo, arquitecto de una memoria que se marchita, que se desdibuja como la espuma de una ola al alcanzar la orilla del mar. Al final todo acontecimiento queda reducido a un simple apremio de la naturaleza, siendo un suicidio solo una brecha en el camino por la que escogemos no pasar.

La ambrosía reside en el vaivén de la trama sobre la que versa nuestra historia. Maleable, ilusoria. La fantasía de Darwin. Somos el ser cambiante que evoluciona. Directores de múltiples versiones que se adecuan a las turbulencias de cada nueva época. Inmersos en la Odisea estamos a la espera, Penélope tiene voz, pero solo escucharemos lo que Homero escribió.

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Es algo personal. Encontrarle el sentido a la vida y encontrárselo a la muerte. Queremos una razón que justifique nuestra existencia, que consuele la ausencia. Adrian argumentó su suicidio alegando que la vida es un don otorgado sin que nadie lo pida; que una persona racional tiene el deber filosófico de examinar tanto la naturaleza de la vida como las condiciones en que se presenta; y que si esa persona decide renunciar al don que nadie ha pedido, es un deber moral y humano aceptar las consecuencias de tal decisión. Esa fue su mentira, creer que el último acto que llevaba a cabo era fruto de la razón cuando solo lo fue de la emoción. Su suicidio fue personal. Todas las decisiones que tomamos lo son. No entendemos, pero necesitamos hacerlo. Perseguimos la pregnancia y por eso formulamos recuerdos que justifiquen, que respalden nuestra historia. No importa que no sea verdad si para nosotros es real. Comprender que no comprendemos da miedo y solo construyendo un sentido somos capaces de dirigirnos al vacío.

El sentido de un final no es una historia de héroes ni villanos, quizás solo sea una protagonizada por víctimas del autoengaño. Muestra de forma sencilla lo complicado que lo hacemos todo. Es una carrera concebida sin meta donde estamos muy cerca los unos de los otros, donde nos convertimos en causa y consecuencia de las idas y venidas de quién corre con nosotros.


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