BlogMi manía de pensarInmersión> Introducción. Enamorarse del pusilánime. Stasis

Inmersión II

Proyecto surgido a partir del libro Antropología de las formas políticas en Occidente de Fernando Oliván.

Enamorarse del pusilánime

¿Por qué durante siglos nos hemos doblegado ante él? Los líderes de sectas conocen bien el rebaño aunque no sepan diferenciar a la oveja de la derecha de la de su izquierda. Conocen sus necesidades, sus deseos, sus cualidades y sus debilidades. Te liberan cuando les cedes tu poder, deciden quién eres y quién serás. Aduladores innatos camuflan su índole salvaje, aquella que te hace amarlos para después respetarlos. No importa lo hundida que te dejen porque solo ellos de allí te podrán sacar y es el miedo a caer y no regresar el que nos lleva a renunciar y no buscar en otro lugar.

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¿Cómo puedo comprender la fuerza de aquel rey pusilánime y envejecido que casi no aguanta el peso de su corona? Magistrados enclenques, señorías miopes tras los gruesos cristales de sus gafas, emperadores niños incapaces de levantar el cetro: ¿dónde está en ellos la fuerza?

No hay mayor autoridad que aquella que creamos ni mejor déspota que aquel que con nosotros llevamos y al alzar la cabeza vemos que nos está mirando. Sin escapatoria. Esperamos sedientos a que nos niegue el agua de forma continua, esperamos, pues, esperando que cuando llegue el momento de nuestro final nos queden las energías necesarias para que haya una revolución que librar.

Stasis

Exhaustos de un régimen opresor donde el pensamiento solo puede fluir en una dirección, es una de tus pequeñas censuras la que pone los cimientos de la rebelión. No callan los susurros que amenazan nuestra salud, somos presos del afán de tu amor por sentenciar cada acción efectuada de delito penal. Señalas los defectos y entierras las virtudes, menosprecias cualquier victoria para regodearte en la única derrota. ¿Cómo huir de tu absolutismo? ¿Cómo hacerlo sin ponernos fin? Fuimos quien un pacto contigo hicimos, sangre de nuestra sangre y un aliento compartido, solo queda pues exiliarte de nuestras tierras o que seas tú quien nos entierre a todos en ellas.

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Los relatos sobre la stasis no evocan tanto la lucha de unos ciudadanos contra otros, sino que, nos insisten: luchan contra sí mismos.

Has hecho de nosotros un verdugo excepcional, uno de esos que no dudan en disparar. Te olvidaste, sin embargo, de quienes antes ocuparon nuestro lugar. Sí, taponaste las arterias y abriste las venas, pero la lucha que has gestado hace tiempo que dejó de ser individual. Nuestro heroísmo es devoto de las anteriores versiones a las que en lugar de ayudar, optaste por quedarte a mirar. Fuimos cómplices y no habrá nadie que lo vaya a olvidar, pero en esta guerra civil no buscamos un culpable sino un camino de luz que te lleve muy lejos de aquí.

La división entre mayorías y minorías, suponía reconocer la división social y, con ello, la terrible stasis que antes o después llevaría necesariamente a la guerra civil.


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