Soy la lluvia, llamada inanimada, aporreando tu ventana, haciéndote pensar.

 

Precipito con euforia sin ser fina ni llovizna, esperando que este diluvio me otorgue la condición de ser quien ríe y llora y no se olvida cuando quiere hablar. Pues es triste que al homo sapiens nacer le baste para poseer tal autoridad y a mí, portadora de vida para vuestras cosechas me pidáis que llore un vendaval. Llegará el día en que mis aguas se vuelvan inertes pues las disteis por hecho en un mundo donde nada es presa del azar.

 


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