Me encantan los días en los que el sol brilla con tanta intensidad que te obliga a sonreír, aunque solo sea por la mueca que produce arrugar los párpados.

Los rayos de luz susurraban sobre mi piel una canción de cuna. Podía sentir todas las mariposas del bosque batiendo sus alas en frenesí contra mi estómago. Notaba el latido de mi corazón en la muñeca izquierda, una avalancha constante y carente de hemoglobina recorría mis venas. Sujetaba mi colgante entre las yemas de los dedos mientras la cadena surcaba mis labios. Ya había llegado. Pronto, imaginé, porque no había nadie.

La pantalla de mi móvil se encendía para mostrarme como, por mucho que le diera al botón, el tiempo no iba a pasar con mayor rapidez. Revisé la conversación. Era la hora. El día. El sitio.

-¿Dónde estás?

Enviado.

Va a venir. Lo hará. Se le habrá pasado la hora. Todo el mundo se puede retrasar quince minutos. Quizás se ha quedado dormido. Sí. Seguro que es eso.

Llamando a Fabio.

-“Le habla el buzón de voz. El número al que llama no contesta. Por favor, deje su mensaje después…”

Llamando a Fabio.

-“Le habla el buzón…”

No, Paula. Va a venir. Fue él quien quiso que habláramos en persona. No… No va a estar con ella. No hoy, no ahora. Él no me haría eso. Sí, sí que me lo haría. No. No seas paranoica. Estará conduciendo. Está conduciendo y viene para aquí.

Nuevo mensaje.

-Perdona, salgo ahora del entreno, tardo veinte minutos.

Leído.

“Perdona, salgo ahora del entreno, tardo veinte minutos”. “Entreno”. ¿De verdad me estoy planteando creérmelo aun sabiendo que no es cierto? ¿Tan poco te aprecias, Paula? No puedes estar pensando que no te está mintiendo. Hace dos semanas que la temporada terminó. Ya no entrena. Pero… A lo mejor… No… Sí.  Claro que sí.

*

Siempre me ha parecido muy bonito el hecho de conocer a alguien hasta tal punto que sabes descifrar hasta el más arduo de sus jeroglíficos y predices su comportamiento incluso antes de que su cerebro ejecute la orden. Llegas a soñar despierta, imaginas cómo sería el brillo de sus ojos, a que olería su piel, el tono suave y grave de su voz… Visualizas hasta el más mínimo detalle de aquella situación, la percibes de una manera tan vívida que te sonrojas porque sabes que, si él estaría allí, ocurriría de la misma forma. Esa experiencia soñada queda retenida y la haces parte de vuestra historia, porque el hecho de adivinar sus pasos no te impide disfrutar de como recorre el camino, sino que te permite apreciar peculiaridades que antes pasabas desapercibidas.

Creo que mi relación con él fue toda una ilusión. Conservé los momentos en los que convirtió aquello que nunca había anhelado en la base de mi pirámide de Maslow. Esa era la semilla, el haba que planta Jack, pero entonces, al igual que él, fantaseé con la idea de que no era un haba cualquiera, esta era mágica y crecía y crecía, más que ninguna otra que hubiera contemplado. Mis ojos veían una planta kilométrica alzarse más allá de las nubes, pero mis manos solo tocaban aire.

**

-Hola.

-Hola.

-Siento haber llegado tarde.

-¿Cómo has venido?

-En moto.

-No llevas casco.

-Ah…Me lo debí de dejar en casa. Eh, no te preocupes, estoy bien, ¿ves? No me ha pasado nada.

-No te ha pasado nada porque siempre vas con casco. Tienes la marca en tu muñeca. Siempre te queda cuando lo sujetas como si fuera un bolso. No… No digas nada. Estoy cansada de creer en el Yeti solo porque quien me lo dice eres tú. No quiero escuchar más tus mentiras, ni quiero fingir que me las creo.

-Paula, yo…

(…)

-Ahórrate la saliva para ella. No hay nada que me puedas decir y que yo me crea. Incluso si me dices que el cielo es azul, empezaría a preguntarme si no es verde. Me has hecho promesas que solo he cumplido yo y lo peor es que estaba encantada. Hacía cualquier cosa si pensaba que con ello te haría un poco más feliz. ¡Dios! Estaba tan enamorada. Llegué a sentirme culpable por temer no ser una buena amiga para ti, por lo que sentía. Me distancié y dejé que lo intentarás con ella para no condicionar ninguna de tus decisiones.

Yo solo quería que fueras feliz, pero entonces me dijiste que me querías, que era la mejor persona que habías conocido y que conocerías jamás y que no querías dormir en ninguna cama que no fuera la mía, junto a mí. Te di la oportunidad de borrar lo que habías dicho, pero dijiste que no, que era la verdad. Has sabido atraparme todas y cada una de las veces en las que parecía lograr olvidarte. No me quieres. Quieres a alguien que se preocupe por ti, que te apoye, que te diga lo genial que eres, pero no te importa quien sea ese alguien siempre y cuando cumpla su función.

“Nunca te haría daño”, ¿te acuerdas? Me lo aseguraste aquella noche. Fue lo primero que hiciste. Podrías haber sido franco conmigo y decirme que no te gustaba, pero decidiste adularme con una dosis precisa de palabras bonitas. El problema es que te equivocaste. No soy la mejor, ni la peor. Soy yo, y nunca has tenido la intención de saber qué es lo que eso significa. Para ti podré ser muchas cosas, pero no sabrás jamás si realmente esos rasgos me definen porque decidiste no conocerme y ya nunca lo harás.

(…)

***

-¡Hey! Siento haber llegado tarde. Paula, ¡Paula!

-Ah, sí. ¿Ya han pasado los veinte minutos?

-Sí, bueno, un poco más. Había atasco. Estás muy guapa, ¿lo sabías?

¿En serio me he enamorado de esto? Vale, sí. No tiene imaginación, pero sabe mirarte como si fueras la partícula que desencadenó de la nada un todo. Se le da realmente bien. Ese es el problema, ¿no? Es como aquel que se refugia en la armadura de otro porque no ha sido capaz de crearse la suya propia. Esa ha sido mi piedra.

Quería que alguien me hiciera sentir que era, aunque solo fuera un poquito, más que suficiente. Le entregué mi as en la manga. Se lo di sin que tuviera que robarlo. Se lo di por miedo a no saber utilizarlo bien, se lo di porque no confié en mí. ¿De verdad le he cedido a él todo poder sobre mí? Claro, claro que lo hice.

Me perdí en el momento en el que pensé que un diseñador de interiores podía construir una casa mejor que su arquitecto. Si empiezas a tratar a un diseñador de interiores como a un arquitecto, dejarás a este sin su trabajo, abandonarás al más capacitado para el puesto y renunciarás a la calidad solo porque es más barato. Al final los muebles no encajan y la casa se cae. Has dejado al diseñador construir y al arquitecto decorar. ¿Y cuándo te das cuenta? ¿Volverías a cometer el mismo error?

****

-¿Cómo has venido?

-En moto.

En moto. No llevaba casco, pero sí que tenía la marca. Se lo dio a ella. Se lo dio porque habían estado juntos, y cuando terminara conmigo, volverían a estarlo.

No, no volvería a cometerlo. No lo iba a hacer.

-Lo cierto es que me voy a ir.

-¿Por? ¿Te ha surgido algo?

-No, la verdad es que no.

-¿Entonces? ¿Qué te pasa?

-Pues verás, durante estos veinte minutos en los que te estaba esperando me he dado cuenta de lo mucho que disfruto sola y quiero seguir haciéndolo.

-No te entiendo. ¿Estás enfadada conmigo? ¿He hecho algo mal? Sabes que me preocupo mucho por ti. Eres la mejor persona del mundo, no podría soportar hacerte daño de alguna forma.

Todo él era un cliché. Incluso la forma en la que me agarraba por las manos era pueril. No quería sus esposas. Quería mi libertad y yo tenía la llave.

-Yo tampoco entiendo muchas cosas, pero ¿sabes? Hay casos en los que ni merece la pena intentarlo.

*****

No sé si era bueno detectando las indirectas, pero esta la entendió. Comprendió mi tono de voz, mi gesto para zafarme de su contacto. Comprendió que lo que había en mi mirada no era sumisión, sino independencia.

-Vale- tragó saliva- ¿estás bien entonces?

-Muy bien, ¿por qué no iba a estarlo?

-Ya.

-Pues si no hay argumentos que respalden tu teoría, no debe de haber ninguna razón- sonreí- Me voy.

-Nos vemos, ¿no?

Había que admitir que era lo suficientemente valiente como para poner la bala, pero también era lo increíblemente cobarde como para no dispararla; e incluso si lo hubiera hecho, yo ya me había cansado de un niño que juega a ser soldado, yo buscaba a un francotirador.

-Si coincidimos en el mismo lugar a la misma hora sí, supongo que sí.


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