Ulises y la Modernidad

Reflexiones sobre la función especular de un mito

Pese a todo el esfuerzo romántico, la relación entre frontera y territorio resulta solo indirecta. Uno y otro responden a realidades distintas, mitos configuradores con funciones estructurales diferentes. Es cierto que la frontera deviene también natural -así lo reclama Dantón ante la Convención francesa: “¡Fronteras naturales para Francia!”- configuración de los bordes del nuevo estado-nación. Mítica autoctonía que ensueña un nacimiento vegetal -con raíces- para el pueblo, vinculado íntimamente a su solar patrio (padre y madre a la vez: “madre patria”).

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Frente a esta realidad científica (también pura ciencia natural) que iluminó la conciencia de los Ilustrados, se alza hoy la nueva mística de la línea fronteriza. Arrumbado el concepto nación, incapaces de definirlo tras la renuncia etnicista -pecado capital del siglo XX-, abierta a la circulación de bienes, servicios y capitales en mor de la economía, desarticulada la función jurídica del territorio bajo la nueva definición del hombre que aporta el derecho moderno -la teoría de los Derechos Humanos-, parecería que una paulatina difuminación borraba su trazo, dejando sin contenido su función simbólica. Sin embargo, contra todo pronóstico, su potencia renace, y lo hace articulando la nueva conciencia de los Estados Modernos.

De nuevo solo existe Estado en la reconstrucción especular del otro, hoy inmigrante, extranjero, apátrida o refugiado. Así como Herodoto construyó la identidad helena -ateniense a la postre- por oposición al súbdito bárbaro, ese que desconoce la isonomía del gobierno democrático, hoy una ciudadanía económica y social -Marshall- se opone a ese que nada tiene, no tanto apátrida (negación de la polis) como “apeculia”, negación del oikos que fundamenta la vida moderna, del ser o no ser en el juego económico. Menos aún que el esclavo, participe siempre del oikos, y de la economía, de su amo. El pobre actual alcanza la negación más absoluta de la identidad como persona.

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“Otro” negado hasta la saciedad y del que nada sabemos, absoluta negación semántica que ya practicara Ulises frente a Polifemo en el juego negador de sus identidades; pero esto, a la postre, nada importa, tampoco conocemos nada de nuestra propia identidad, e incapaces de nuestro propio reconocimiento –anagnorisis- reconstruimos la ficción de una inexistente diferencia con el otro (curiosa contradicción matemática que busca -y consigue- la entidad negativa del cero). Ahí aparece la función ideológica de esos muros en los que pretendemos encerrar nuestra Europa: profundizando el foso creemos conseguir una identidad definitivamente perdida.

Fin de la modernidad, parece decirnos esta nueva crisis de la frontera. ¿Quién se atreve hoy a releer el optimismo triunfante de un Whitman?

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Passage to India
¿No ves ¡oh alma!, el designio de Dios desde el principio?
La tierra, destinada a ser recorrida, recogida por una red eterna;
Las razas, los vecinos, destinados a tomar y ser tomados en matrimonio;
Los océanos, destinados a surcarse; la lejanía,
Aproximarse, los países, a soldarse unos en otros…

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The races, neighbors, to marry and be given in marriage. Frente a este optimismo ulisiaco, retornan fantasmas y se crean nuevos obstáculos, Scyla y Caribdis que apetecen tragarse la nave. El sueño prometeico que llevó a todo el Renacimiento a identificar como nuevos Tiffis -el fiel piloto del Argos- tanto a Colón, Galileo o, luego, al mismo Newton, donde la conciencia de un Universo abierto se extendía de la geografía, a las ciencias y al derecho bajo el concepto erasmista de lo humano, muere definitivamente sofocado por los nuevos miedos.

Un reconstruido Averno parece abrirse a los modernos transgresores. La “Ciencia del Derecho”, nuevo “arrepentido” del sueño revolucionario, se repliega aturdida en un horror dantesco. ¿Reconstruiremos un Monte Purgatorio para los nuevos navegantes? El Canto XXVI de El Infierno parece comentar, desde La Divina Comedia, la sombra desoladora de los nuevos tiempos.


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