Año nuevo

Un tachón a mediados de enero, un alma anacrónica que olvida estar en 2020 y la nostalgia imbuida por un cielo desteñido despojado de color. La lejanía es hoy quien dice adiós, mientras nos preguntamos qué veremos a partir de ahora cuando tratemos de descifrar el futuro. Porque, ¿habrá algo que ansiar vislumbrar al final del paisaje, cuando ya hemos descubierto que el fondo no es más que una ilusión que vive en la misma inmediatez que en cada uno de nosotros?

Hay manzanas que maduran antes que otras, pero cuando caen del árbol, han caído. No importa si ha sido hace dos días o hace un segundo. La realidad es que ya no pueden volver a ligarse a la rama que las sujetaba. No hay vuelta atrás. Todo cambia, aún cuando el panorama no ha sido modificado y el invierno sigue siendo invierno. Las canciones siguen sonando, el champán sigue siendo descorchado y la gente está celebrando, pero ya no interiorizo las letras, ni brindo al chocar las copas y río, pero no por júbilo, sino porque fingir siempre se me ha dado bien. No entiendo las celebraciones programadas ni la espera por sonreírle a algo cuando nos hace felices simplemente porque no es el momento.

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De pequeños la lista de propósitos de año nuevo no era más que una prolongación de la carta a Papá Noel o los Reyes Magos. Veíamos a los mayores pedir salud y nos reíamos ante la ignorancia de quien no experimenta y la creencia de estar rellenando mal un formulario. ¿Acaso no es algo innato? La vida ha comenzado, ¿por qué habría de terminar ya?

Mi fecha data de 2019, año en el que, quisiese o no, ya no estaba en el árbol. Para 2020 he pedido salud para mi familia porque finalmente he comprendido que la vida está ligada a la muerte. No siento ilusión por si se cumplirán mis deseos, sino miedo por si habré sido lo suficientemente buena como para que estos se hagan realidad. ¿Funciona así no?

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Ahora todos pedimos un mundo justo, donde ser bueno garantice algo. Ahora que perdemos tiempo, exigimos un espacio que a otros nunca hemos dado. No busco dar lecciones, pues ni si quiera os estoy diciendo algo que no sepáis ya. La vida no es justa. Ser bueno no siempre conlleva cosas buenas. Pero la vida, como la navidad, no va de eso. No va de los regalos bajo el árbol sino de las galletas que dejas a un lado. No va de los anuncios en folletos sino de confiar en que tus deseos serán escuchados. No va de que recibas lo que pediste sino de que a tu lado haya gente que haya puesto toda su energía en que tengas algo.

Las frutas maduran y caen del árbol. Y no pasa nada.


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