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El coronavirus es aleatorio, pero la miseria es selectiva

Como un presagio, la visita de Philip Alston, relator especial de la ONU, a principios de año, nos anticipaba la situación preambular de desigualdad que con el Covid-19 ha alcanzado elevados niveles en lo que a noción y gravedad se refiere. Si por entonces España se enfrentaba a que el 26,1% de la población estuviera en riesgo de pobreza, actualmente con la obligatoriedad de cumplir el confinamiento y la consecuente pérdida temporal de trabajo para casi 900.000 ciudadanos, parece lógico contemplar un futuro cercano en el que la balanza se incline en pro de la miseria generalizada.

Sin partir de las mismas condiciones de excepcionalidad, la crisis de 2008 supuso que 350.000 personas se quedaran en el paro, cifra mucho menor de la que hoy se baraja con los ERTE en las empresas. Si bien se trata de algo temporal y el Gobierno ha decretado que los trabajadores van a tener derecho al paro, hayan o no cotizado el mínimo de días exigido, durante el tiempo que dure el estado de alarma muchos verán como sus ingresos mermados no les servirán para llegar a fin de mes. No todo el mundo puede ser el héroe que trabaja desde casa en un país donde dos de cada diez hogares no cuentan con un ordenador y uno de cada diez no tiene acceso a internet -según datos del INE.

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Lo cierto es que, si el coronavirus es aleatorio, la miseria sí es selectiva. Vemos como los jugadores del Barça reducen su salario un 70% para que otros puedan tener el suyo, leemos como funcionarios mileuristas ahora recibirán menos y que dependientas de grandes hipermercados no van a cobrar una prima pese a ponerse en riesgo cada día. Sin embargo no oímos a esos dirigentes del Gobierno que apelan constantemente a la solidaridad ciudadana anunciar que sus siete mil euros mensuales se verán reducidos. Tampoco hemos tenido noticias de nuestro rey emérito, quien habiéndose comprometido de por vida con el pueblo, se ha embolsado cien millones que, desde luego, no veremos nunca.

Cobran ahora sentido las palabras de Alston: “para mí la pobreza es una decisión política”. Una, si me permiten añadir, muy egoísta.


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