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El Sha o la desmesura del poder II

De Persia a Irán

Las dinastías de los Sha

La unificación e independencia de Persia (fig.1), por primera vez desde la conquista musulmana, tuvo lugar con la dinastía Safávida. El legado que comenzó con el Shah Isma’il (1501-1524) reafirmó la identidad política del imperio y estableció el islam chiita como la religión oficial. Tras él, se sucedieron distintos hombres y dinastías desde la Afshárida, la Zand, la Kayar (fig.2) y la Pahlaví.

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El destino adverso de la mayoría de Sah debería ser una llamada de atención, una vindicación al carácter tiránico de sus mandatos, un desenlace previsto en todos los finales posibles de la historia, pues asesinados en manos de familiares o enemigos, todos eran súbditos. Ansiosos de poder o de una posible liberación del yugo al que los sometía, se lanzaban en búsqueda de una mirada ausente en sus ojos. No siempre fue otro el responsable de un nuevo rey para el trono, a veces era el mismo Sah quien se encargaba de su propio final fatídico. Hasta sus muertes eran símbolo de su fortuna, ¿quiénes sino tendían tanto dinero para intoxicarse de alcohol u opio?

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Figura 1. Mapas territoriales del Imperio Pérsico organizados cronológicamente siendo el primero de 1648, el segundo de 1871 y el tercero de 1914.

Naser al-Din Sah Kayar

Las últimas palabras de Naser al-Din Sah Kayar fueron: si sobrevivo, reinaré de otro modo. Un intento fugaz de salvar su alma ante una muerte inminente. Fue asesinado el uno de mayo de 1896 después de cuarenta y nueve años gobernando. Introdujo costumbres occidentales y tecnologías como la fotografía, pero ninguno de estos intentos de modernización fueron los que llevaron a Mirza Reza Kermaní, su verdugo, a acabar con su vida.

Lo que ocurrió ese primero de mayo no fue más que el colofón de un reinado dictatorial, del cual quizás, más que nunca, fue consciente al notar el disparo. El diez de agosto del mismo año, Kermaní será ejecutado públicamente en Teherán. Será en el transcurso de un viaje a pie por una Persia paupérrima donde la dinastía Kayar y la Pahlaví establezcan su primer contacto, pues el soldado que va a conducir al asesino a su final no será otro que el padre de Reza Shah Pahlaví, progenitor del último Sha.

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Figura 2. Sah de la dinastía de los Kayar. Naser al-Din, Mozaffareddín y Ahmad, respectivamente.

Mozaffareddín Shah Kayar

Mozaffareddín Shah Kayar, hijo de Naser al-Din Sah Kayar, llegó al poder en 1896 teniendo que hacerle frente a una grave crisis financiera. Sin duda, su mayor logro y aquello que lo diferencia de la mayoría de hombres que ocuparon su cargo fue la creación de la Asamblea Consultiva Islámica el cinco de agosto de 1906 y la firma de la primera constitución iraní elaborada por la misma el 30 de diciembre, cuatro días antes de su muerte. Su primogénito, Mohammad Alí Shah Kayar, lo relevó en 1907.

Contrariamente al cambio iniciado por su padre, se opuso al régimen constitucional y eliminó la asamblea dando lugar a una guerra civil que concluyó con la toma de Teherán por las fuerzas constitucionalistas y su huida del país. La Asamblea Consultiva Nacional se encargó de nombrar a Ahmad Shah Kayar, heredero al trono, nuevo Sah a la edad de once años. Durante su reinado mantendrá una posición neutral con la llegada de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). No obstante, la sublevación de la provincia de Guilán supuso la entrada en Persia de tropas extranjeras, ocasión que el primer Sah de la dinastía Pahlaví supo aprovechar.

La Brigada de los Cosacos de Persia al mando del coronel Vsievolod Liajov de San Petersburgo, súbdito del zar, constituía en 1910 el único ejército del Sah. Reza Khan (fig.3), por aquel entonces un joven oficial, contaba con cualidades muy valoradas en el ámbito militar como la disciplina, la obediencia y un talento innato para el mando. Todos estos atributos lo llevarán a ascender finalmente en 1917 a coronel y jefe de la brigada, cargo que había quedado libre al ser Liajov acusado por Ahmad Shah Kayar, erróneamente, de simpatizar con los bolcheviques y enviado de regreso a Rusia.

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El ejército quedaba ahora en manos de los ingleses, propiciando que el general Edmund Ironside germinase en el nuevo coronel la idea de un golpe de Estado apoyado por Reino Unido. No pasó mucho tiempo hasta que en febrero de 1921 Reza Khan entró en Teherán y arrestó a los políticos dando lugar a un nuevo gobierno con él de Primer Ministro. A finales de diciembre de 1925, una Asamblea Constitucional sometida proclamaba a Khan Sah de Persia.

Este se haría llamar Sha Reza el Grande, Rey de Reyes, Sombra del Todopoderoso, Nuncio de Dios y Centro del Universo, y es que al fundador de la dinastía Pahlaví los sobrenombres autoimpuestos no le faltaban.

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Figura 3. Reza Khan, primero como coronel de la Brigada de los Cosacos y, luego, como Sah de Irán.

El carácter mesiánico del nuevo Sah le sirvió para coartar a su propio pueblo en la conquista de sus fines. Su intención era erigir sobre la antigua Persia una moderna y poderosa nación que pasaría a ser conocida desde entonces como Irán. La suya fue una política de modernización, sin ceder nunca a las ambiciones expansionistas de Gran Bretaña y la URSS. Salvó al país de la miseria que lo asolaba tras la Primera Guerra Mundial, construyó vías y ferrocarriles, escuelas -antes el único medio de educación lo constituían las madrasas islámicas con el Corán como libro exclusivo- y oficinas, aeropuertos y barrios nuevos en las ciudades.

En 1927 fundó el Banco Central, único emisor de la moneda iraní, y en 1934 inauguró la primera universidad de Irán, la Universidad de Teherán. Durante su reinado se erradicó la malaria y la corrupción por parte de los funcionarios del Estado. Reza Pahleví creó los certificados de nacimiento y permitió una emancipación limitada para la mujer. El problema de su gobierno no fue su mirada en el futuro, sino la imposición de olvidar el pasado.

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Prohibió por decreto el uso de vestimenta iraní, obligando a todo el mundo a llevar ropa europea; los chadors quedaban vedados. La ropa occidental (fig.5) de corte más pronunciado e inundado por el pantalón como prenda suponían una mayor liberación para la mujer. Suponía claramente un cambio importante para la sociedad árabe, pero un cambio obligado, uno con el que en lugar de dar libertad a la mujer, la coartaba. Las medidas emprendidas suscitaron en el clérigo islámico aprensión siendo el ayatolá Madresi uno de los principales opositores. Sin embargo, al contrario que en una democracia donde ambas partes tienen derecho a opinar, el Sah lo encarceló.

Destruyó las mezquitas y acabó con los rebeldes en una gran masacre. Envió expediciones de castigo y mandó a las tribus nómadas a asentarse. Cualquier muestra de crítica o resistencia a su régimen era eliminada con rapidez y, para asegurarse de que ningún pensamiento contrario al suyo pudiera reproducirse entre la población, cerró los periódicos. La idea era crear una civilización moderna, pero no son las prendas de ropa ni las infraestructuras la base de ello sino la capacidad de decisión, algo con lo que ningún iraní contó.

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Figura 4. Mujeres iraníes en 1940 y en 1979 vestidas de acuerdo a los códigos de vestimenta impuestos.

We brought him, we took him.​

Churchill

Reza Khan Pahleví mantuvo con Hitler una relación de devoción que lo llevó a perder todo su poder. Alemania era el principal socio comercial de Irán y la organización militar de inteligencia, la Abwehr, adquirió una gran relevancia en Teherán. Los dos gobernantes compartían intereses, pues mientras uno estaba en guerra con Reino Unido y la URSS, el otro más que detestarlos los odiaba.

De ahí que cuando Londres, temerosa de perder el petróleo iraní con el que alimentaba a su armada, y Moscú, al borde de un ataque de nervios previendo una posible entrada de los alemanes por el mar Caspio, exigieron el uso del ferrocarril transiraní para transportar armas y víveres al ejército soviético, el Sah se negase. 

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Como consecuencia, en 1941 los Aliados actuaron conjuntamente enviando al ejército británico y comunista a Irán. Los ingleses, buscando proteger sus intereses, le ofrecieron a Reza Khan una salida: abdicar en favor de su hijo. Mohammed Reza Pahleví subió al trono con veintidós años en septiembre del mismo año, mientras su padre se exiliaba, después de cincuenta y ocho años de mandato, a Johannesburgo -donde murió tres años después-.


2 commentarios

Eduardo · noviembre 13, 2019 a las 16:48

Muy interesante. Poco o nada sabía del padre. Un poco del último Sha que terminó exiliado también. En fin. Hay 2 párrafos que se repiten. «La brigada de los cosacos de persia…»

    Andreabrandarizr · noviembre 13, 2019 a las 17:23

    ¡Me alegro de que te resulte interesante Eduardo! Muchas gracias por avisarme del error, ya está solucionado.

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