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Ella es Mary

¡Azúcar! ¡Especias! ¡Y muchas cosas bonitas! Fueron los ingredientes escogidos para crear a una nenita perfecta. Pero el profesor Utonium añadió por descuido un ingrediente más a su poción… ¡La sustancia X! ¡Así nació, Mary!

Hay cosas que se gestan con el tiempo y otras que aparecen de repente. De esta última forma, surgió nuestra amistad. Es curioso porque conforme he ido creciendo, exponerme a los demás nunca había sido de nuevo tan sencillo como cuando era una niña. Y, siendo todas mis relaciones sinceras, con Mary no hubo meditación, no saltó ninguna alerta avisándome de que llegaba al límite de datos, no hubo un cinturón que me frenara en seco para evitar el golpe. No hubo nada de eso porque conocerla y dejarme conocer fue correr sin reparo, y no a ciegas sucumbida por lo que podría ser, sino porque ella es sencillamente un terreno sin obstáculos.

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Es de las pocas personas que mantienen viva la inocencia de quién acaba de entrar en el mundo, aún habiendo pasado por él. Es dulce y tosca, es materia y antimateria a la vez, frágil, pero no de cristal. Tan buena como sabes que lo es el agua cuando estás muerto de sed y tan serena como lo es tu cama cuando estás a punto de desfallecer. Te quiere cuando estás arriba, abajo y en todos los puntos medios e infinitos que existen en ese tramo. Y yo la quiero cuando es Mary, María y me pide que vaya con ella al Mercadona la mañana de un sábado.

Cuando me iba a ir, me dijo que no quería el cuarto grande si eso significaba quedarme a su lado. Es complicado no ver ni ser vistos como peones cuando derribarnos nos consigue un bien preciado. No te quiero porque, como amiga, no me hayas derribado, sino porque ni si quiera lo hayas pensado. Ella es Mary y hoy es su cumpleaños.


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