De pronto te ves inmersa en sensaciones cálidas y piensas en cómo has vivido todo este tiempo con tanto frío.

Te dejas llevar como si fueras agua manando de un grifo. Emerges con tal fuerza que solo puedes esperar que alguien te agarre antes de desembocar en el desagüe. Pero a veces el grifo se abre y nadie te sujeta. Te pierdes en una tubería oscura, mugrienta, fría. Tratas de volver a arriba, pero no puedes. Buscas una explicación y no la encuentras. ¿Por qué abrió el grifo si me iba a dejar caer? Me enamoré. Hace un año, él abrió el grifo. Esas milésimas de segundo para mí fueron meses llenos de promesas omitidas en miradas fulgurantes. No vi llegar el colapso, solo pude vislumbrar como sobre mí sujetaba a otra fracción de agua.

Durante meses me he preguntado cómo alguien que me había hecho sentir tan bien podía haber actuado tan mal. Buscaba una razón que lo justificara, que me diera pie a seguir alabándolo. La ausencia prominente me desarmó y no pude contraatacar. No había motivos que lo respaldasen.

Cuestioné mi decepción, su desencadenante. Cuando me dejo allí, a la espera de lo que no llegó a ser nada, me sentí como esos pastelitos de panadería que siempre están expuestos, pero que nadie escoge. Sin embargo, no podía dejar de pensar cómo no lo había visto venir. Él no había cambiado, pero el aura que lo hechizaba sí. Y me di cuenta. En todo este tiempo nunca lo había llegado a conocer realmente. No se puede conocer a alguien que no quiere que lo conozcan. ¿Cómo iba a haber amor si ni si quiera había amistad?

El único te quiero quedó en el olvido. Ninguno estaba presente cuando se pronunció. Yo no lo vi decirlo y él seguramente no lo recordaba. Nunca palabras tan puras habían sido derramadas con tanta frialdad. Él no me había querido y yo me había aferrado a una persona a la que le había impuesto un sentimiento que anhelaba. Pero ese sentimiento no pertenecía a esa persona y esa persona no me merecía a mí.

Hoy, yo misma cierro el grifo y alzo la mirada al espejo para encontrarme en él. No eras tú a quién buscaba, era a mí.


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