Me he alejado y esa distancia que me separa de todo, excepto de mí, ha cristalizado para romperse. Hay inercia en el quererte, no porque te necesite sino porque sin hacerlo, sé que te amo.

Me enseñaste el significado de la metáfora con una canción de Amaral, desplomaste mis sueños de ser cantante para mostrarme que siempre me dirías la verdad, me diste todo lo que eras para dejarme ser.

Fui una niña que adoraba la palabra principios, porque fuiste pionero en abolir la libertad al no concebir nunca la condena. Tú me cediste esa visión en la que acusado, abogado, fiscal, juez y jurado eran una misma persona.

Pusiste en mis manos la posibilidad de que fuese capaz de ver aquello que quisiera ver. Sé que nada es imposible gracias a ti. Descubriste en mí el poder de soñar sin necesidad de una almohada, no me diste un mundo lleno de colores, sino un lienzo en blanco sobre el que poder pintar.

Limitaste mis capacidades a la inmensidad del universo, sin caminos que me llevarán a un único sitio, adentrándome en selvas y sabanas para buscar la respuesta y no dejarla escapar. Guiaste mi inquietud con tu abrazo y una despedida que solo avecinaba saber que te tendría siempre a mi lado.

Eres un gran padre, el mejor para mí, no por cuidarme o cumplir las expectativas impuestas en una cartilla de sanidad, sino por entregarme esa parte de ti que tanto te asusta y enseñarme a mostrarla, no como una carga sino como un don.

Con todo mi amor, tu hija


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