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Pin parental

Hablemos del pin parental. Para quien no lo sepa, se trata de una política que busca dar a los padres el poder de decidir, en función de su ideología, si sus hijos van o no a las charlas planteadas por los centros educativos. En lo que a partidos políticos se refiere, PSOE y Unidas Podemos están en contra, mientras que PP y Vox, a favor. Para mí esta dicotomía no es natural y el hecho de que la derecha plantee como viable el pin parental me alarma y os diré porqué.

Soy uno de esos extraños especímenes que a la par puede ser tildado de izquierdas y de derechas. Diría que soy como el sugus sabor a piña que nadie quiere. Preferimos amar u odiar por completo; hacerlo a medias no nos vale. Sin embargo, en una democracia ceder es la herramienta más poderosa y situarnos en los extremos nos lleva al cielo u al infierno, destinos ambos que distan mucho de la realidad que nos toca en vida.

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Las sociedades más peligrosas son aquellas donde solo existe una única verdad. El Corán en Arabia Saudí, la familia Kim en Corea del Norte o Stalin en la URSS de antaño. No nos diferenciamos de ellas por la lengua que hablamos, por el físico que tenemos o por los valores que proferimos. Creemos que sí, pero no necesariamente. La principal diferencia entre esas sociedades y la nuestra es que nosotros establecemos una serie de derechos que son fundamentales, independientemente de si lo que esto conlleva nos guste o no. En un país democrático y moderno uno entiende que más allá de su pensamiento está el del otro y que este es también legítimo y válido -entendiéndose que esto es así siempre y cuando no atente contra el propio sistema de derechos-.

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Nos pasa con el pin parental lo mismo que con la existencia de Vox. PSOE y Unidas Podemos no están de acuerdo con la presencia de un partido político de extrema derecha en una sociedad democrática, pero realmente no atentan contra los derechos humanos. Restringen y limitan estos dentro de la legalidad, como cualquier otro partido de extremos. Yo no comparto los ideales que representa Vox, pero sí defiendo su derecho a existir. Representa a una parte de la sociedad y mientras sea así, su vida en el debate político español es necesaria.

 Y tan necesaria es esta, como que la política del pin parental no se apruebe. Aprendemos en la educación primaria y secundaria una serie de conceptos y conocimientos básicos para nuestro correcto desarrollo en la sociedad. Más allá de eso, también es nuestra primera toma de contacto real con el mundo. Compartimos y disentimos con nuestros compañeros de una manera que en nuestras casas no es viable, ya que en la infancia el hogar es un lugar donde los padres transmiten valores ya aprendidos que no se llegan a cuestionar. Ambos entornos cumplen su función. Si habilitamos el pin parental, esta libertad que nace en los niños de autoconocimiento queda eliminada.

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El periodista Hermann Tertsch, eurodiputado de Vox, escribió en su cuenta de Twitter: «El pin parental es un instrumento para evitar que tu hijo llegue a casa y diga que Otegi visitó el cole y lo idolatra, que las mujeres que secuestran a sus hijos o ponen denuncias falsas son heroínas y que pretenda penetrar a su hermanito para liberarlo del heteropatriarcado”. Ante tal afirmación, yo me pregunto qué clase de educación reciben estos niños en su casa como para que en una hora y media de charla se tambaleen todos los principios que los padres les han inculcado en años.

Conocer otras realidades no nos hace cómplices de ellas, podemos o bien cuestionarnos nuestras creencias y valores o bien reforzarlos. El pensamiento crítico no se cultiva con la exposición constante a un único tipo de contenido. La niñez y la adolescencia son etapas para experimentar y descubrir y permitir que los padres determinen que parte de la realidad conocen sus hijos solo consigue que la edad adulta del inmovilismo les llegue antes.

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Tenemos miedo de que nuestros hijos piensen de forma distinta a nosotros, de que las reuniones familiares se conviertan en batallas campales y que la distancia debilite el amor que nació con ellos. Como padres, deseamos que nuestros hijos sean felices, pero reprimirlos no va a conseguir que lo sean. Escoger teniendo una sola opción no es escoger.


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